
El arte de perfeccionarse
El perfeccionamiento personal representa la piedra angular del trabajo masónico. A imagen del cantero que transforma la piedra bruta en piedra pulida, el masón trabaja en pulir su propia piedra bruta: su carácter, sus defectos, sus pasiones.
Este trabajo sobre uno mismo nunca se acaba. Es un proceso continuo que exige paciencia, perseverancia y humildad. Se realiza con ayuda de herramientas simbólicas tomadas de los constructores: la escuadra para rectificar las desviaciones, el nivel para establecer la igualdad, el compás para fijar límites a las pasiones.
El perfeccionamiento masónico no es un repliegue sobre uno mismo, sino una apertura hacia los demás. Al volverse mejor, el masón espera contribuir a la mejora colectiva de la humanidad.
Esta búsqueda de perfeccionamiento se apoya en valores fundamentales como la tolerancia, la fraternidad y la búsqueda de la verdad. Invita a cada uno a desarrollar su propia espiritualidad respetando la de los demás.
Así, el masón se considera un perpetuo aprendiz, consciente de que el camino es tan importante como el destino, y que el arte de perfeccionarse es un trabajo de toda una vida.